Celebrar nuestros logros es algo maravilloso. Obtener un ascenso, alcanzar una meta o terminar un proyecto son motivos de celebración. Sin embargo, muchas personas aprendimos a relacionar nuestro valor personal con lo que logramos y aportamos. Porque si el valor propio se obtiene únicamente a través de los logros, también puede parecer que desaparece ante el fracaso, el descanso, o simplemente por el hecho de ser humanos.
La autoestima es la creencia interna de que usted tiene valor y merece cuidado, apoyo y compasión simplemente por ser humano, no por haber logrado o alcanzado algo. El éxito y los logros pueden reflejar esfuerzo, dedicación, crecimiento y talento, pero estos logros no son prueba de su valor como persona. Nuestro valor no desaparece en momentos de imperfección percibida o fracaso.
Veamos algunos ejemplos: una persona que está pasando por dificultades sigue siendo valiosa; una persona que necesita descansar sigue siendo valiosa; una persona que fracasó en algo sigue siendo valiosa; una persona que aún no tiene todo resuelto sigue siendo valiosa. La verdadera autoestima nos permite celebrar los logros sin creer que son lo que nos hace merecedores de amor, respeto, descanso o alegría en primer lugar. El éxito y los logros vienen y van, pero nuestro valor siempre permanece.
Celebrarnos a nosotros mismos no tiene por qué depender del reconocimiento, la productividad o el éxito. Puede surgir simplemente de notar en quiénes nos estamos convirtiendo, de honrar el esfuerzo que hacemos cada día y de reconocer que nuestras vidas tienen valor incluso en los momentos tranquilos y cotidianos. La verdadera celebración personal comienza cuando aprendemos a ver nuestro valor como algo constante, no como algo que debe ganarse.
